Profundizando
en la pena de muerte y también en las cárceles no sólo como sistema punitivo,
sino como instrumento de reinserción social, debemos recordar que la libertad
nos hace responsables de nuestras acciones, y por lo tanto debemos también
responsabilizarnos de las consecuencias que se derivan de las mismas.
Hay
que tener en mente que “mi libertad termina donde comienza la del otro”, es
decir, como seres libres podemos obrar libremente, pero debemos tener en cuenta
que nuestras acciones pueden cohibir la libertad de los demás. Y aquí es donde
aparece en escena la cárcel, como instrumento de castigo para aquellos que
interrumpen el ejercicio de la libertad al resto de ciudadanos.
El problema a discurrir aparece en este punto,
la cárcel sirve como privación de la libertad más que como herramienta de
reinserción. La libertad es un
derecho y cuando tus acciones hacen que
los demás no sean libres ¿decidimos quitarles también su libertad? ¿Ojo por ojo
y diente por diente?
Aun
así, está claro que tenemos que hacernos responsables de nuestros actos, ¿pero
el pago por estos tiene que ser no sólo la privación de la libertad, sino
incluso la pena de muerte?
La
mayoría contestará: depende.
Y
aquí es donde se plantea el otro problema, ¿Cómo decidir si alguien merece
pagar por sus crímenes privándole de su derecho a la vida?
Nora Naranjo Martín- Sonseca
No hay comentarios:
Publicar un comentario