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Universidad Complutense de Madrid
Ética y Deontología del Trabajo Social
Curso 2013/2014

jueves, 3 de abril de 2014

Profundizando en la pena de muerte y también en las cárceles no sólo como sistema punitivo, sino como instrumento de reinserción social, debemos recordar que la libertad nos hace responsables de nuestras acciones, y por lo tanto debemos también responsabilizarnos de las consecuencias que se derivan de las mismas.
Hay que tener en mente que “mi libertad termina donde comienza la del otro”, es decir, como seres libres podemos obrar libremente, pero debemos tener en cuenta que nuestras acciones pueden cohibir la libertad de los demás. Y aquí es donde aparece en escena la cárcel, como instrumento de castigo para aquellos que interrumpen el ejercicio de la libertad al resto de ciudadanos. 
 El problema a discurrir aparece en este punto, la cárcel sirve como privación de la libertad más que como herramienta de reinserción.  La libertad es un derecho  y cuando tus acciones hacen que los demás no sean libres ¿decidimos quitarles también su libertad? ¿Ojo por ojo y  diente por diente?
Aun así, está claro que tenemos que hacernos responsables de nuestros actos, ¿pero el pago por estos tiene que ser no sólo la privación de la libertad, sino incluso la pena de muerte?
La mayoría contestará: depende.
Y aquí es donde se plantea el otro problema, ¿Cómo decidir si alguien merece pagar por sus crímenes privándole de su derecho a la vida?

Nora Naranjo Martín- Sonseca

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